Hoy día me atreví a escribir este post harto de leer a Renato Cisneros –no es que esté harto de lo que escribe, sino que estoy harto de decir que siempre me roba la idea, que yo pude haber escrito ese post igualito- además que quería relanzar mi blog y sumergirme en ese gran mundo que es la Blogósfera. Así que después de terminar mis dos únicas notas breves para la sección Lima del Diario El Comercio –periódico en el que comparto la sala de redación con el famoso y tan esquivo Renato- me decidí a escribir sobre un tema que desde los quince años me atormenta y que poco a poco ha ido alimentándose de los desvaríos de mis conquistas y de sus contrariedades: el amor.
El título de este post se refiere a ese sentimiento –en realidad no sé si debe llamársele así, en la Universidad me convencieron de que el amor es un acto de la voluntad humana, y por tanto racional- tan esquivo que muchas veces se nos escapa de las manos porque somos o demasiado tontos o muy posesivos. A mí me ocurrió hace cuatro años cuando conocí a B en circunstancias risibles. Hacía tres meses había terminado con M, una chica callada e inteligente a quien conocí un día que no recuerdo. Nos conocimos una semana, nos caímos bien –hubo química, diría mi amiga B- y nos aventuramos a sostener una relación que se volvió insostenible porque ella era demasiado celosa. Pero a mí siempre me ocurre desde que empiezo una relación siempre me ha gustado entregarme por completo –tal vez sea uno de mis peores defectos-, y con M lo hice. Le escribí muchos poemas que me inspiraron su tez pálida, su melancolía, esos silencios que nos embargaban en medio de la noche. Sé que aún los recuerdas, acuérdate del olvido pero nunca olvides el recuerdo, y aunque luego le contaras a mi hermana que fui yo quien atravesó tu corazón con el puñal del engaño, sabes que no fue así.
Pero vayamos al punto. A “B” la conocí una noche de fiesta en La Legua -el pueblito donde vive este bloggero-, cuando acompañé a su hermana hasta su casa. En realidad antes de conocer a B primero había conocido a P, su hermana, a quien había señalado como una de mis nuevas conquistas. Sin embargo, como dice Cortázar, hay personas que sólo sirven como puentes entre otras dos que habrían de sostener una relación hermosa y duradera. Y ése día descubrí que el puente entre B y yo fue P, su hermana.
Nos caíamos bien desde el primer momento en que nos presentaron en medio de la noche, ella recostada sobre un poste de luz y yo con las manos a los bolsillos -la típica parada de nosotros los hombres-, me pareció muy simpática, sobre todo por sus ojos, ese par de ojitos chinos que me decían que también le gustaba. Y ya cuando me despedía me jaló de la mano, me sorprendí porque hsta entonces nadie había hecho conmigo eso. El domingo mi mamá va a preparar hamburguesas así que si gustas puedes venir. Era viernes. Estuve pensando toda la santa noche en lo que había pasado, y si quiere estar conmigo, ¿iré o no? aprovecha Ralph, me decía mi yo conquistador y recontra frío para cuestiones de agarres.
El domingo fue un día sin novedades, así que a eso de las 7 de la noche me acordé de la propuesta de B y entonces me arreglé un poco, me puse perfume por todo el cuerpo y me puse ese jeans que tan bien me quedaba y mi mejor polo. Cuando llegué me di cuenta que había gente en la peluquería, pero por la miopía que padezco no logré distinguir quienes eran, hasta que estuve a unos 20 metros. Era ella. Su hermana, C -trabaja de peinadora en su casa- le estaba arreglando el cabello. No dejó que aterrice bien. Te estaba llamando con el pensamiento, exclamo. Y yo, que no sabía qué hacer ni qué decir, sólo dije algo de lo que hasta ahora me arrepiento. Ah, ….vine por la invitación que me hiciste ese día. debiste decirle algo más original, que te la habías recordado porque era difícil olvidar su recuerdo o algo así, con tal de mostrarle interés.
Estuvimos un rato conversando sobre vanalidades, A veces eres demasiado serio Ralph, frío, poca cosa.Luego, ella me hizo una propuesta que sería la visa que me llevaría hasta sus puertos. Lo hizo de una manera en que todas las mujeres tratan de disimular que les gustas para no sentirse heridas en su orgullo y no sientan que están galanteando a un hombre, conduciéndolo hacia sus redes de sensualidad. No quieres ir a una fiesta en San Jacinto, todas mis hermanas van a ir. Ya pues, respondí, con resolución esta vez.
En la fiesta bailamos juntos, la sentí tan cerca de mí, sobre todo cuando bailábamos merengue y salsa o una música suave. Olí su perfume, ese día olías a chupete de fresa B. Sentí su tersa piel blanquecina y su voz susurrándome al oído cositas que cada vez iban calentando el ambiente y eran el presagio de un beso, como dice Juan Luis Guerra. Y llegó el momento. Ya cuando nos íbamos ella me dijo que la disculpara porque le había dicho a uno de sus amigos que yo era su enamorado, y yo para emular su comportamiento y hacer más feeling la conversación le dije que había hecho lo mismo con una chica que se me acercaba mucho mientras bailábamos. Seguro me habías estado mirando B.
Mientras caminábamos hacia su casa fuimos conversando sobre nosotros, si la había pasado bien, si se había divertido hasta que me lancé. Al principio me dijo que le gustaba otro chico entregado a la vida religiosa por completo. Me hirió, pero después retomé fuerzas y le dije que era linda, que cómo iba a estar con un chico así, hasta que le propuse: B que te parece si para acortar camino nos vamos por acá, le dije señalándole un lugar oscuro. Ella aceptó. Ya en el lugar, la abracé y nos besamos, Fue el beso más rico que he sentido en mi vida.
Ahí empezó ese amor que hasta hoy chorrea a borbotones por cada vena de mi cuerpo. Mis hermanas nunca la pasaron porque decían que era una chica un poco movida. Ustedes que opinan mis queridos amigos. espero me ayuden con este amor entre paréntesis.

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