Lo más insólito que me ha pasado hasta ahora en mi vida amorosa es haberme enamorado como un becerro de “B” –para mayor información leer la parte 1 de este post-. Sí, “B”, la chica a la que conocí en circunstancias risibles, la que estaba enamorada de otro chico, la que me hizo sentir el beso más rico. Lo extraño es que con ella solo estuve 1 mes. Sí. 1 mes; 30 días que fueron suficientes para que se metiera por cada molécula de mi ser.

Como dice Neruda, “es tan corto el amor, y tan largo el olvido”. Ahora lo sé, pues después de “B” no ha existido mujer con la que haya descubierto tantas cosas. Por ti “B” me estrené como poeta, a ti te dediqué tantas y tantas páginas de amor que algún día rompí. A ti te compuse decenas de canciones. Debo confesar que la relación que sostuve con ella no fue de las mejores.

Eso es lo raro. A “B” la quería bastante – demasiado diría yo-, pero ese querer no fue suficiente para que ella aguantara todos mis berrinches de chibolo inmaduro. Estuve con ella cuando tenía 18 años y ahora que tengo 21 recién me he dado cuenta de todos los errores que cometí. Sí volvieras conmigo evitaría que te molestes por tonterías/ te llevaría más seguido al cine/ cogería tu mano aún cuando mis hermanas nos miren/ te llevaría a bailar con más frecuencia aunque no lo haga tan bien como tú/ si tan solo me dieras la oportunidad de tocar tus manos/ de mirar tus ojos chinos, tus labios carmesí/ si volvieras conmigo… Pero sé que es demasiado tarde.

A “B” la perdí por tonto, un día del cual no recuerdo más que el agrio sabor de la despedida, su voz suave diciéndome que quería terminar conmigo porque estaba confundida, porque necesitaba tiempo. Lo único que necesitabas “B” era que te cogiera de las manos y te dijera que te amaba con todo mi ser, que no me dejes porque acuérdate de los chistes tontos que me hacías en el jardín de tu casa, las lágrimas que caían de tu rostro cuando tocaba la fibra más fina de tu alma, tus labios diciéndome en silencio quédate a mi lado, tus ojos llorosos el día que nos volvimos a ver después de dos años, tu risa fingida cuando me contaste que estabas con Iván.

Pero sé que ahora es demasiado tarde porque estás con él, con Iván, el chico que te afanaba cuando estabas conmigo. Las razones por las que “B” terminó conmigo fueron simples y complejas sinrazones. Que necesitaba tiempo, que debía pensar algunas cosas, etc. Lo cierto fue que nuestra relación se volvió rutinaria, aunque en aquella época yo no la veía así. Hay que mirar el pasado desde el presente para darse cuenta de eso. Peléabamos por gusto, a diario, por tonterías. Eso disgustaba a “B” y creo que a cualquier chica. Pero también habían días en que “B” -al igual que yo- sentía que la felicidad no cabía en su cuerpo.

Cuando terminamos a mí me dolío mucho, muchísimo. Lloré como un niño. Fuiste la única mujer por la que he llorado “B”, por ti derramé ríos de lágrimas, tú me enseñaste que el amor viene acompañado del dolor y que este es mas intenso cuanto más se ama.

Pero un día me decidí a reconquistarla. Sabía que me querías mucho “B”, extrañabas mis conversaciones sobre mi futuro, mis sueños de ir a España y escribir en uno de los mejores periódicos de esa ciudad española, mis momentos de melancolía, los cuentos que me inventaba para ti, esas historias de amor que leías a mi lado, con las que llorabas de emoción.

Por ese motivo volví ha acercarme a ella en contra de las exigencias de mis padres y hermanos de alejarme de ti para siempre. Empezamos a salir juntos de nuevo. Y en esta misión me ayudaron Pepe y Víctor, actuales esposos de sus hermanas. Cualquier invitación a bautizo, matrimonio, pollada o bingo que había en nuestro pueblo era la excusa perfecta para salir todos juntos. De esa manera, los posibles pretendientes de “B” se alejarían un poco. Por cierto, a “B” la perseguían no pocos chicos, pero su corazón solo reclama a uno.

Pasó un año en que estuvimos en lo mismo: salíamos juntos a todas partes, agarrábamos de vez en cuando y al decirle para volver siempre terminaba pateando mi corazón como una zapatilla, Aún no. No te diste cuenta “B” que todas estas chotedas hicieron que un día diga ya no más. “B” vete donde no te vea, lárgate de mi vida porque me haces daño, ya no quiero sufrir más. Mi corazón está destrozado y necesito curarlo de a pocos pero lejos de ti.

Y así fue. Un día resolví alejarme de ella para olvidarla. No podía seguir así, dejando que patee mis sentimientos las veces que quisiera. Debía ponerle freno si deseaba construir una relación fuerte algún día.

Me alejé sin decirle nada, luego ella se fue a vivir en un pueblito cerca de Piura. Entonces perdimos contacto. Al tiempo me enteré por unos amigos que estaba con Iván. Yo inicié una relación con otra chica. Pero un día me di cuenta que no la quería y terminé. Busqué a “B” en plan de amigos, salimos y conversamos sobre nosotros. Aclaramos dudas y en un momento la tome de la mano y con la música de fondo de Aquello que me diste de Alejandro Sanz le pregunté si aún me quería. Sus ojos se clavaron sobre los míos. Una lágrima cayó de sus ojos chinos. Voy al baño, me dijo. Cuando volvió no dijo nada. Traté de retomar la conversación pero me cortó en seco. Cambiamos de tema.

Después de eso, volví a llamarla hace un mes. Conversamos media hora por teléfono y me dijo que me había amado muchísimo pero que le hubiera gustado que insistiera más porque ella es orgullosa. “B” que acaso no te diste cuenta que todas las veces que nos veíamos lo único que hacía era pedirte que regreses conmigo, que te amaba, que te amo porque no habido mujer como tú en mi vida. “B” que no te das cuenta que aún me interesas, que te amo con todo lo que tengo y soy. “B” reacciona.

¿Qué debo hacer amigos? ¿Olvido a “B” para siempre? ¿Trato de salir con otras chicas, de enamorarme de otra o espero a que “B” esté sola como lo hizo Florentino Ariza con Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera? Necesito sus sabios consejos.