El Comercio Perú

Quizás hoy muchas madres se levanten tarde, tomen un rico desayuno preparado por sus hijos, reciban varios regalos y meneen el cuerpo de alegría de la mano del esposo, ante los eufóricos aplausos de hijos y nietos; pero otras solo tendrán que conformarse con escuchar un lacónico feliz día, recibir un frío palmetazo en la espalda o aprovechar que no trabajan para recursearse de otra forma.
Y es que esta fecha, especial para muchas, tradicional para otras, normal para algunas, no es más que una excusa formal para recordar a ese ser al que todos los días deberíamos honrar, querer y festejar.
En el Perú, un país tan heterogéno y biodiverso, este día es uno de aquellos donde todos los contrastes salen a la luz. Mientras unos celebran, otros lloran; donde parece especial, en otros lugares solo es un día más; la mayoría no trabaja, pero la necesidad agobia a otras; algunas sanas y otras postradas en una cama, enfermas.
En este último grupo destacan, por ejemplo, según da cuenta hoy El Comercio, todas las madres infectadas con el virus del sida, una terrible enfermedad que, seguro, para la mayoría, sería un excelente motivo para matarse. Pero ellas, estas madres guerreras, que se reunen todos los días y, olvidando sus dolores, intentan darle un sentido a su vida, son las que merecen nuestros aplausos, nuestra atención y sobre todo nuestro afecto, ayuda y comprensión. Recordemos que puede ser tu madre, mi madre.

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