El Comercio

Es la segunda vez que vuelves al mismo salón de clases, a escuchar ese floro que ya conoces de memoria pero que siempre olvidas en el momento decisivo. Llega el día de tu examen final, ese que decidirá si pasas el curso – y todos tus patas celebran contigo por ser el único que no lo ‘trikeó’- o terminas saliendo de la ‘U’ por la puerta de atrás.
En el preludio del examen, reunido a medianoche con tus patas, en medio de tazas y más tazas de café, lanzas la típica frase suicida de los universitarios: Si no la hago en esta me mato. Tal vez no lo hagas tú, pero sí tus viejos.
Las expresiones suicidas o que aluden a la muerte son tan cotidianas como las mismas conversaciones. ¡Me muero! es la típica locución gramatical que soltamos cuando escuchamos –y sobre todo las chicas- contar a nuestros patas una de esas historias donde la vida está en riesgo, tipo me asaltaron y logré escapar.
Otros prefieren morirse de a pocos. ¿Cómo estás? le preguntas a tu pata. Él, enfático, responde: Me estoy muriendo. El mismo tránsito, caótico, estresante, se vuelve acelerador de este tipo de frases. Este embotellamiento es para morirse, en ese accidente vi de cerca la muerte.
Las relaciones amorosas no escapan a este fenómeno. Si me dejas me mato, reza la escueta oración de las mujeres – o también de algunos chicos- en el preludio de la ruptura amorosa.
En los casos más extremos los problemas de mujeres, hombres, padres a hijos o notas de la ‘U’ nos llevan a decir frases de este tipo: Creo que mejor sería no estar en este mundo, mi vida ya no tiene sentido, estoy muerto. Y para cerrar digo que este asunto está en muere.

Y tú, ¿qué frases suicidas usas?

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