¿Qué haces si tus patas te invitan a jugar una pichanguita y tú no la heces ni con las canicas?

“Estoy lesionado”

Lesionarse justo unos días antes del partido es una salida clásica, y te permite dejar bien claro que conoces la redonda. Funciona mejor aún si te vendas la “parte afectada” y caminas arrastrando el pie. A nadie le quedará la duda.

“Nunca encontré la cancha”

Vestido como el deportista que no eres, te das un par de vueltas por tu jato y disfrutas de un buen ceviche. Cuando tus amigos te interrogan solo respondes, con cara de preocupación y lamentando haberte perdido, ¿Qué tal estuvo la pichanga?

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