Este post nació luego de una conversación con G, una de las protagonistas de esta historia, que ahora ya terminó enredándonos a los cuatro: B, C, G y R. En realidad, para ser más ordenados, habría que precisar que mi historia con B empezó hace cuatro años y para mayor detalle sería bueno que den click aquí, aquí y aquí.

En cambio, la historia de C y G se acaba de terminar hace poquito nomás, luego de algunos problemas que al final se terminaron convirtiendo en gruesos impedimentos para continuar su relación. Como dicen por allí, en el amor quien más entrega más sufre. Y más se sufre cuanto más se ama.

Y como dice Hermann Hesse, el amor hace pasar el tiempo y el tiempo hace pasar el amor. Y de eso se trata G: de esperar a que el tiempo cure tus heridas, que las cicatrice totalmente, aunque solo sea temporalmente. Porque al final, lo que hace el tiempo con el verdadero amor es enterrarlo nomás, y luego cuando conoces a alguien que te empieza a gustar, con el que empiezas a sintonizar, las cicatrices vuelven a salir a flote, pero ese es ya otro rollo.

Lo cierto es que hay personas que solo son puentes para enlazar a otras dos que habrían de sostener una relación fuerte y duradera, como dice Ernesto Sábato, y como me dijiste el otro día G, no nos habíamos dado cuenta de que nuestros exs eran dos letras consecutivas del abecederario: B y C, ¿simple coincidencia?, ¿fortuna? Lo cierto es que contigo G hay un hilo metafísico que me une: el desamor de B y C.

No quería terminar este post sin colgar dos vídeos de Andrés Calamaro, uno de mis cantantes favoritos:

Esta realmente sí que es una gran canción, perfecta para ti G. Escucha atentamente la letra: “No cometas el crímen varón si no vas a cumplir la condena”.

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