Acaricio tu rostro, tu suave piel llena de pequitas que llegan hasta tus labios, esos puntitos marroncitos que se tatuaron en mi pecho inflamado de tanto amor. Subo despacio y llego hasta tu pelo, esa enmarañada isla de rulos negros que en noches como esta seguro estaría peinando, jugueteando con mis manos, como dos pececillos en el agua. Toco tu boca y esta vez recorro los contornos de tus labios, y lo hago eternamente, ya no me detengo. Empiezo la travesía de cruzar tus labios desnudo, al aire libre, tu pelo moviéndose de un lado a otro, empujado por el viento que sopla en esta parte de playa, donde tú y yo nos hemos refugiado.

Te acuestas, llevas tus dedos a mis labios, mientras yo continuo tocando los tuyos. Mi pecho se infla, inhalas mi aliento, introduzco mi lengua en tu garganta, tus piernas empiezan a agitarse lentamente, tiemblas toda, mis manos te sujetan fuertemente, empiezas a sudar, mi corazón late a mil por hora, cual enfermo que convulsiona, tus ojos me miran con pasión, como queriendo devorarme, te apreto contra mi cuerpo, tus ganchitos negros caen en la arena. El fuego arde en nuestros cuerpos, quema, sí, quema como el mismísimo infierno. Quédate allí por favor, esta vez ya no te separes de mí, me ruegas. Te recuestas sobre mi pecho, cansada, luego de una mágica batalla, cuerpo a cuerpo. Eres mía, soy tuyo.

Esta canción de Kevin Johansen me encanta. Y tengo que agradecerle a Bela por hacérmela escuchar. Gracias Bela.

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