agosto 2008


El martes fue un día de miércoles. No lo hubiera sido si no me hubiera olvidado del cumpleaños de mi madre. Pero una llamada a las ocho y media de la noche me recordó que aún sigo teniendo mala memoria para las fechas importantes y que este oficio te consume más de lo que imaginas, tanto así que al final terminas olvidando el cumple de tu vieja, de tus hermanos, de tu enamorada y otras muchas más celebraciones importantes que al final te convierten en una suerte de sonámbulo que solo tiene memoria para las conferencias de prensa, las entrevistas con gente dizque importante y las investigaciones en la calle.

El martes fue la primera vez que me olvidé por completo del cumple de mi vieja, y la primera vez también que la pasé lejos de ella, y solo debí conformarme con una simple llamada telefónica. No es lo mismo. Y lo comprobé luego de conversar con ella por teléfono. No sientes sus emociones, solo escuchas su voz, no la puedes mirar al rostro cansado por la rutina ni puedes ver la sonrisa que se esboza cuando la abrazas, menos decirle que la amas con sinceridad porque no la tienes al frente.

Estar lejos de casa es una combinación de libertad y soledad. Libertad porque sientes que no estás atado a nada ni nadie solo a ti mismo, eres tú quien se maneja, quien sabe que tiene que sobrevivir hasta fin de mes y que no puede gastarse ni un solo más sino quiere endeudarse hasta que llegue fin de mes. Pero también es como estar acompañado todo el tiempo pero vacío a la vezm, cuando llegas a casa y no tienes a quien abrazar, a quien saludar más que a tu televisor y a tus pósters.

Y a mi madre –todavía recuerdas cuándo te decía que me bajes la luna para jugar fútbol y que el pato era grandazo que no cabía en la puerta– quería decirle en estas líneas que seguro nunca leerás, que te extraño mucho, que mis amaneceres ya no son los mismos desde que estás lejos, que ya no tengo a quién correr y contarle mis logros profesionales, que me gustáría tenerte ahorita y abrazarte y decirte que hay una chica que me enloquece, que GRACIAS por levantarte todos los días para irte al mercado de Piura y luego pasarte más de ocho horas trabajando, atendiendo a mis hermanos y a mi padre. Que nunca te pagaré lo que has hecho por mí, que mañana espero estar a tu lado, otra vez en tu regazo, acariciando tu rostro, hablándote al oído sobre mis aventuras en la capital y sobre mis sueños, esos que tú un día soñaste y que quiero realizar por TI, porque QUIERO VERTE SONREÍR una vez más.

Esta canción para ti, mamá, con todo el amor que te tengo. TQM viejita. !Feliz cumpleaños!

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Había perdido sus encantos. Ya no era más el chibolo que con una sola conversación rendía a sus pies a la mujer más dura y difícil del planeta, como en aquellas épocas gloriosas en que con soltura llevaba de la mano a las chicas hacia sus redes, de manera pensada, premeditada, así como lo hizo con M, B, C, S, D y muchas otras letras del abecedario. Esos eran tiempos pasados, que no volverían y si volvieran ya no le servirían porque justo con la chica que anhelaba aplicarlos no funcionaban. ¿Qué había pasado?, ¿acaso había cambiado, ya no era el mismo?

“Eres un egocentrista, y detesto a esa gente”, le había dicho la niña en la que estaba interesado, aunque no sabía si la quería o estaba acostumbrado a ella. Tal vez solo se sentía bien a su lado y lo había confundido con algo más profundo. Sabía que no era gusto total, no podía ser, cómo podía gustarle una chica así, no era su tipo de mujer, pero había algo que le encantaba: su risa que ayer escuchó con mayor detenimiento, sus gestos un poco estilizados, exagerados y de anime, sus conversaciones contradictorias, que lo terminaban enredadando más a ella, ligándolo de una forma casi imperceptible.

Lo peor era que, Pablito se sentía atraído por ella, casi como un imán que te va jalando cuando más te acercas, y, sin embargo, su voz interior le decía que se alejara, que la mirara con detenimiento, que no había nada de especial en ella, que era una más de esas chicas que salen con uno y otro pata para pasar el momento. Pensó esto mientras la miraba de espaldas y notaba su cuerpo un poco cansado, decaído, los ojos grandes y el cabello largo que contrastaba con su tamaño. No mediría más de 1.50, tal vez algo más, pero a Pablito no le disgustaba su estatura, estaba acostumbrado a estar con chicas menuditas, lo raro sería que lograra ligar con chicas altas, piernilargas y la carita estirada, a lo Pocahontas. Aún no las conocía, pero guardaba la esperanza de, algún día no muy lejano, captar la atención de alguna.

No se explicaba qué había en ella que lo atraía con tanta fuerza y mientras más pugnaba por averiguarlo más terminaba idealizándola como en una novela. Pero ese día, Pablito se dio cuenta de que había mutado. Ya no era él mismo con las mujeres, ya no tenía esa magia para ligar con ellas solo con hablarles. Era la primera chica con la que sus argumentos eran inservibles, se comportaba torpemente porque no sabía cómo abordarla, cómo conducirla -al final, el flirteo es eso: arte de la conducción a tu manera- sin recibir en el camino las indirectas que ella le lanzaba cada vez que él trataba de coquetearle.

Sin delicadeza, rompiendo toda ley del flirteo – sobre todo aquella que dice que nunca debes hablarle de tu ex ni compararla con ella, “¿acaso a ti te gusta que te diga que te pareces a tal o cual?”- intentaba seducirla sin éxito. Pensaba que estaba flaco, que tal vez si lograba recuperar los músculos que tenía antes la conquistaría, quizá solo debía ser más natural, mostrarse como era: sencillo, sin poses ni impostaciones, un poco silvestre, contradictorio y romanticón. Pero no fue sino hasta cuando ella le dijo que sí, que era torpe, egocéntrico y hasta posero, y que “no debía ser tan bocón” cuando entendió que estaba actuando erróneamente.

Ya en casa, Pablito reflexionó y se planteó la idea de cambiar, de volver a ser el mismo de antes, de luchar por conquistarla, de decirle eso que se le atragantaba cuando la tenía cerca, cada vez que la abrazaba y acariciaba su pelo mientras ella dormía. Tal vez ya era momento de expulsar ese adoquin de frases que siempre se quedaban a medio camino, como él, indeciso, imprudente, maricón para muchas cosas, como para decidir lanzársele y ser sincero con ella y con él mismo.

De pronto la vio otra vez, ella lo abrazó, él le acarició el cabello y el rostro, ella suspiró y él abrió la boca para preguntarle por quién suspiraba, ella le dijo que estaba enamorada. Él, con el corazón latiéndole a mil y un ligero temblor en todo el cuerpo, le pidió que le contara, mientras ella se negaba, hasta que luego de tanta insitencia aceptó. Lo miró a los ojos y le dijo que por favor no se molestara, que confiaba mucho en él y que esperaba que eso no afectara su relación de amistad. Él, con las manos sudándole y la voz temblorosa, le dijo que sí, que no se preocupara, que nada cambiaría, que seguirían siendo amigos, pero que le diga ya, que se moría de las ganas de saber quién era ese chico que la ténía como loquita, perdida en el espacio sideral.

Estoy enamorada de Pedro, tu amigo. Lo amo y lo he amado en silencio todo este tiempo. Él, que sentía que todo le daba vueltas, que se iba a caer en cualquier momento, solo le pidió que lo acompañara a su casa, donde luego de tomarse un vaso con agua y de moderse los labios se echó a llorar amargamente. Y cuando despertó tenía los ojos húmedos y sentía el cuerpo pesado.

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Decía el escritor argentino Ernesto Sábato, en la novela Sobre héroes y tumbas, que “No hay casualidades sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón». Búsquedas incesantes las de todos nosotros que siempre andamos tras algo, aunque muchas veces no sepamos exactamente qué. Qué importa, al final, como decía Herman Hesse en El Caminante, no se busca vivir sino solo estar de paso.

Acaso somos como decía Sábato, somos sonámbulos que no sabemos hacia dónde vamos pero guardamos la esperanza de llegar a alguna parte. Ahora, muchas veces, en el camino nos encontramos con gente que nos marca y que se convierte en un ícono importante. Como decía Cortázar: “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. Una frase que ahora rescato ya que he encontrado a una chica que conocía de antes pero no sabía que se convertiría en una suerte de inspiración, de sueño mágico, de voz que habla a tu interior. Y a la que sientes que conoces desde mucho antes.

Hay personas que solo son puentes entre dos que habrían de sostener una relación más fuerte y duradera. Eso me pasó con ella. La conocí de casualidad, nuestro encuentro fue fortuito, pero se ha convertido con el tiempo en un lazo que poco a poco se va afianzando más, tomando una nueva forma. Y hasta llego a necesitarla, a anhelar tenerla cerca a mí, extraño sus conversaciones, sus locuras, sus irreverencias, en fin…mejor no sigo.

Mejor escuchamos esta canción de spinetta. “Muchacha ojos de papel, quédate a mi lado..”

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Vuelves a perturbarme, otra vez a coquetearme desde lejos para, poco a poco, irte metiendo sin autorización por cada poro de mi piel, según tú porque siempre haces lo que quieres a tu antojo, cual niña que aparenta ser la mala, you are mi angel come and save me tonight/ you are angel come and make me alright . Y otra vez siento que algo va naciendo en mí, volviste a despertar las pasiones enterradas, me coges calato, con el alma desnuda y los sentimientos intactos, mientras detrás del teléfono tu voz coquetea a mi oído, y sabes que caeré en la prisión de la locura, de la que pensé había salido para no regresar, pero siempre ganas la batalla, una que dejé a la mitad, tal vez por eso has regresado.

I go crazy, crazy, crazy, you baby Justo cuando había recuperado la paciencia que tu me robaste, y cuando ya había encadenado a la obsesión con la soga de tus cabellos, que ya te desataste, mientras evoco las noches en tu jardín, la ceremonia de nuestros labios en la cruz bendita de tu cuerpo, el roce de mi mano con tu mentón un día estrellado, y ya no sigas por favor. ¿Por qué me persigues? Acaso no te conformas con verme tirado en la calle que lleva tu nombre, quemandome con tu aliento que aún percibo y oliendo ese aroma lila que se impregnó eternamente en mis ropas.

No quiero reproducir tu nombre y tú me obligas a hacerlo, deja de seducirme por favor, you are mi angel come and save me tonight/ you are angel come and make me alright , mira que en mis ojos ya no hay lágrimas, acuérdate que mi corazón es un recinto empozado de ti, de tu aroma, de tus labios, de tu piel. No sigas por favor, por qué me llamas desde lejos levantando aquel pañuelo blanco si sabes que ya soy tuyo, que ya voy a tu encuentro, que nunca me fui, que siempre estuve contigo, conmigo y sin mí. Ya deja de llamarme y ven junta tus labios con los míos, no me importa si me quemo en el infierno de la decepción, o si me clavas en la cruz del olvido otra vez.

Eres la chica de ayer que otra vez ha vuelto, con otro rostro, otros gestos y otras formas de someter a los hombres a ti, a tus conversaciones, a tus encantos, a tus muecas.

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Estoy solo. Han pasado siete meses desde que -dejando de lado familia, hogar y amigos (as)- me embarqué en esta aventura de vivir en una ciudad que aún me queda grande, y sigo estando solo. Hasta ayer no me había puesto a pensar en eso, solo llegaba a mi cuarto de alquiler a las nueve de la noche, cogía un libro de Marsé y me zambullía en su lectura hasta que, con el cuerpo deshecho por el ajetreado día en el diario, terminaba tendido en esa cama que es tan diferente a la que tengo en Piura, y que ya conoce mi forma alborotada de dormir. Parece que ya me acostumbré a levantarme a las ocho de la mañana, encender el televisor para ver noticias, bañarme a la volada, cambiarme y salir hacia el diario, donde por gran parte del día me la paso acompañado de mis compañeros de trabajo.

Pero no me refiero a eso sino al hecho de que hoy me dado cuenta de que no tengo a ese ser especial -enamorada, chica, compañera, media naranja, o como se llame- a quien conversarle cómo me fue en el trabajo, la que me haga masajitos para desestresarme o quien me engría con sus ocurrencias. Estoy solo y es como la luna que sale cuando el sol ya se ha ocultado, tal vez porque, en el fondo, nuestras vidas están marcadas por una fuerte dosis de soledad y misterio que debemos experimentar para que luego la vida cobre un verdadero sentido. ¿Ustedes que dicen?

Le Valse D’Amelie, una canción que a cualquiera inspira a escribir y liberar esos demonios interiores.

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¿Cuál es el mejor plato típico del mundo? ¿El ceviche, los tacos mexicanos, la pizza?, ¿Quién da más? En una reciente lista del diario español 20minutos se está buscando, a través de los votos de los internautas, premiar -de manera simbólica- el mejor plato típico del mundo. Los blogs Ica codenishi, El rincón de Reynaldo Silva, entre otros, también hacen alusión al concurso lanzado por el mismo diario que organizara loa votación para determinar la bandera más bonita del mundo y donde la blanquirroja ocupó el segundo lugar.

Hasta ahora el primer lugar lo tiene el ceviche peruano, seguido de los tacos mexicanos y la pizza, los tres platos finalistas que se disputan la corona del mejor. Pero como buen peruano y piurano en realidad, porque el ceviche es piurano, debo decir que el mejor plato típico en el mundo es el ceviche. Y eso lo reconocen los turistas extranjeros, lo legitima Gastón en todo el mundo, y las decenas de blogs que brindan por este plato. Blog como Piura la Dulce, Cucharas Bravas , Peru food, Pescado Limón entre los blogs peruanos de cocina más famosos.

Como buenos peruanos creo que deberían unirse a esta causa y votar aqui para que esta vez sí alcancemos el primer puesto en esta categoría. Vale la pena, y el ceviche lo ha demostrado, lo demuestra y lo demostrará.

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