El martes fue un día de miércoles. No lo hubiera sido si no me hubiera olvidado del cumpleaños de mi madre. Pero una llamada a las ocho y media de la noche me recordó que aún sigo teniendo mala memoria para las fechas importantes y que este oficio te consume más de lo que imaginas, tanto así que al final terminas olvidando el cumple de tu vieja, de tus hermanos, de tu enamorada y otras muchas más celebraciones importantes que al final te convierten en una suerte de sonámbulo que solo tiene memoria para las conferencias de prensa, las entrevistas con gente dizque importante y las investigaciones en la calle.

El martes fue la primera vez que me olvidé por completo del cumple de mi vieja, y la primera vez también que la pasé lejos de ella, y solo debí conformarme con una simple llamada telefónica. No es lo mismo. Y lo comprobé luego de conversar con ella por teléfono. No sientes sus emociones, solo escuchas su voz, no la puedes mirar al rostro cansado por la rutina ni puedes ver la sonrisa que se esboza cuando la abrazas, menos decirle que la amas con sinceridad porque no la tienes al frente.

Estar lejos de casa es una combinación de libertad y soledad. Libertad porque sientes que no estás atado a nada ni nadie solo a ti mismo, eres tú quien se maneja, quien sabe que tiene que sobrevivir hasta fin de mes y que no puede gastarse ni un solo más sino quiere endeudarse hasta que llegue fin de mes. Pero también es como estar acompañado todo el tiempo pero vacío a la vezm, cuando llegas a casa y no tienes a quien abrazar, a quien saludar más que a tu televisor y a tus pósters.

Y a mi madre –todavía recuerdas cuándo te decía que me bajes la luna para jugar fútbol y que el pato era grandazo que no cabía en la puerta– quería decirle en estas líneas que seguro nunca leerás, que te extraño mucho, que mis amaneceres ya no son los mismos desde que estás lejos, que ya no tengo a quién correr y contarle mis logros profesionales, que me gustáría tenerte ahorita y abrazarte y decirte que hay una chica que me enloquece, que GRACIAS por levantarte todos los días para irte al mercado de Piura y luego pasarte más de ocho horas trabajando, atendiendo a mis hermanos y a mi padre. Que nunca te pagaré lo que has hecho por mí, que mañana espero estar a tu lado, otra vez en tu regazo, acariciando tu rostro, hablándote al oído sobre mis aventuras en la capital y sobre mis sueños, esos que tú un día soñaste y que quiero realizar por TI, porque QUIERO VERTE SONREÍR una vez más.

Esta canción para ti, mamá, con todo el amor que te tengo. TQM viejita. !Feliz cumpleaños!

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