septiembre 2008


Siempre he querido saber porqué una mujer se vuelve puta. En mis intentos por colmar esta curiosidad he acudido a amigos que tienen más experiencia en la materia y, ayudado de lecturas y películas, he intuido múltiples respuestas: desde “necesito la plata para estudiar” hasta “me dijeron que ganaría bien”, sin olvidar claro: “me engañaron que trabajaría como modelo” o “no me queda de otra”. Frases de muchas jovencitas cuando se les pregunta por su oficio y, con la mirada gacha, confiesan haber sido reclutadas por proxenetas o ‘cafichos’, mediante tretas bien contadas, que ellas se creen.

Las pocas veces que he asistido a nightclubs, por ejemplo, (siempre con ese afán de escudriñar en realidades para muchos prohibidas, pero más llevado por la pasión del oficio) he conversado con las chicas que allí trabajan y lo que más me ha llamado la atención es la frialdad de sus palabras, la distancia con la que se tratan. Es como si los constantes abusos sexuales las hubieran convertido en meros objetos que ni piensan ni sienten, que son solo máquinas de hacer dinero.

Pero detrás de esta penosa realidad que la vemos cuando salimos por las noches a las calles hay un agente que no ha sido tomado en cuenta: el caficho, el proxeneta, ese sujeto que forma parte de una mafia más grande. Son estas organizaciones de tráfico de personas las que continúan alimentando el turismo sexual en nuestro país, muchas veces, a vista y paciencia de las autoridades. No es secreto que en Iquitos, Cusco o Lima existen estos negocios, bien camuflados, pero que están allí, como la sombra que emerge cuando empieza a caer la noche.


Les dejo este videíto de Aerosmith, Pink, una buena canción que habla sobre esos amores huidizos y que están en la frontera entre lo ilegal y lo pasional.

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A escasas horas de un partido que podría devolvernos la fe o sepultar nuestras esperanzas de nuevo, me he pasado parte del día mirando vídeos en el YouTube sobre las memorables hazañas de las eliminatorias de México 70 y México 86. !Qué equipo! el de entonces. Cubillas, Perico León, Juan Carlos Oblitas, el nene Cubillas, César Cueto, el cholo Sotil… Grandes figuras que alzaron el fútbol nacional a posiciones hoy inimaginables.

Y es que todos quieren comentar sobre lo que será el partido de mañana. Todos acá en el diario han apostado en contra de Perú: que lo golearán, que vamos a dar pena, que para qué vas a ir al estadio…Solo unos cuantos -como yo- ha entregado sus esperanzas a un alicaído equipo que luego de ganarle a venezuela recuperó algo de confianza, y nos hizo creer a algunos que sí se puede.

Al final, como dice el escritor argentino, Ernesto Sábato, la esperanza solo nace en medio de la desolación y el dolor. Y se mantiene hasta que todo se derrumbe ante nuestros ojos. Incluso solo después desaparece junto con nosotros. Aficionado al fútbol y pelotero desde pequeño sé lo que se siente entrar a un estadio de fútbol, la responsabilidad que tienes ante la hinchada y el enorme compromiso contigo mismo para no defraudarla, sino por el contrario, hacerla saltar de alegría, arrancarle un abismal grito que retumbe el estadio.

Pero también, sobre todo los que alguna vez hemos tenido la suerte de disputar un campeonato, sabemos que muchas veces las ganas, el corazón que le pongas a la camiseta, no alcanza para obtener un resultado favorable. Hace falta tática, técnica, estrategia, planteamiento. Y eso es lo que mañana debe saber combinar mañana el elenco nacional: gallardía y astucia con el balón ante un equipo cuya historia pesa, al igual que la nuestra. Ya le hemos ganado, ¿por qué no hacerlo otra vez?

Solo queda alentar a los muchachos y meternos también en el partido, acompañarlos en cada juagada, en cada pelota dividida. A veces los aplausos, los gritos de la hinchada te dan valor para sacar fuerza de donde sea y lograr hazañas como las que mañana quisiéramos conseguir.

Eliminatorias rumbo a Méxixo 70. !Qué tal partidazo!

Eliminatorias rumbo a México 86. Cuando el Diego fue anulado por Lucho Reina. !Qué tal estrategia!

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