Te miro y no estás aquí presente, en tu ausencia es cuando más empiezo a quererte. En esta tarde azul que ya se ha hecho costumbre aquí en la capital, tu recuerdo me azota y se empoza en mi alma y lo encarcela para siempre. Eres como una sombra transparente que llega, en tardes como esta, cuando sabes que el intelecto piensa en ti, mientras mi voluntad pugna por que no sea así. Pero ya ves, es casi imposible dejar de pensar en ti, en nuestras tardes otoñales riéndonos del mundo, de nosotros mismos, de nuestros sueños de espuma, que ni siquiera nosotros nos creíamos.

Reíamos como dos locos que deambulában por el mundo sin mayores preocupaciones, pensando solo en cogerse de las manos, en dormir uno al lado del otro, en fumar un puchito con distracción, mientras echados en el gras de tu casa mirábamos la luna y yo te prometía que si me regalabas un beso, un solo beso de tus labios, viajaría hacia ella y te traería para que tú jugaras con ella.

Tu nariz perfilada y tu estatura en mi mente, tus manos trajinadas y tus ojos chinos, entreabiertos, que me miraban con ternura cuando era mi corazón el que te hablaba, cuando era el poeta quien te hacía suspirar y llorar. Lágrimas, relámpagos fugaces, presagios de amor entre los dos. Mujer, princesa infinita, diosa humana, que sabe hacer reír llorar, que sabe hacer llorar en noviembre, cuando más temo quedarme solo. Y solo me queda tu sonrisa extasiada, tu nariz perfilada y tus ojos chinos que ya no me miran.

Angie, una cancionzaza de The Rolling Stone. Angie, you’re beautiful, but ain’t it time we said good-bye , All the dreams we held so close seemed to all go up in smoke

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