Vuelves a perturbarme, otra vez a coquetearme desde lejos para, poco a poco, irte metiendo sin autorización por cada poro de mi piel, según tú porque siempre haces lo que quieres a tu antojo, cual niña que aparenta ser la mala, you are mi angel come and save me tonight/ you are angel come and make me alright . Y otra vez siento que algo va naciendo en mí, volviste a despertar las pasiones enterradas, me coges calato, con el alma desnuda y los sentimientos intactos, mientras detrás del teléfono tu voz coquetea a mi oído, y sabes que caeré en la prisión de la locura, de la que pensé había salido para no regresar, pero siempre ganas la batalla, una que dejé a la mitad, tal vez por eso has regresado.

I go crazy, crazy, crazy, you baby Justo cuando había recuperado la paciencia que tu me robaste, y cuando ya había encadenado a la obsesión con la soga de tus cabellos, que ya te desataste, mientras evoco las noches en tu jardín, la ceremonia de nuestros labios en la cruz bendita de tu cuerpo, el roce de mi mano con tu mentón un día estrellado, y ya no sigas por favor. ¿Por qué me persigues? Acaso no te conformas con verme tirado en la calle que lleva tu nombre, quemandome con tu aliento que aún percibo y oliendo ese aroma lila que se impregnó eternamente en mis ropas.

No quiero reproducir tu nombre y tú me obligas a hacerlo, deja de seducirme por favor, you are mi angel come and save me tonight/ you are angel come and make me alright , mira que en mis ojos ya no hay lágrimas, acuérdate que mi corazón es un recinto empozado de ti, de tu aroma, de tus labios, de tu piel. No sigas por favor, por qué me llamas desde lejos levantando aquel pañuelo blanco si sabes que ya soy tuyo, que ya voy a tu encuentro, que nunca me fui, que siempre estuve contigo, conmigo y sin mí. Ya deja de llamarme y ven junta tus labios con los míos, no me importa si me quemo en el infierno de la decepción, o si me clavas en la cruz del olvido otra vez.

Eres la chica de ayer que otra vez ha vuelto, con otro rostro, otros gestos y otras formas de someter a los hombres a ti, a tus conversaciones, a tus encantos, a tus muecas.

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Me gustaría decirte que ya no eres el azul en mis ojos, ni la imagen en mis sesos, menos la lágrima que cae en noches como esta, cuando otra vez has venido, sutilmente, a meterte por cada fibra de mi piel, removiendo todo aquello que algún día fue…I would break down at your feet/ And beg forgiveness/ Plead with you/ But I know that/ It’s too late , mientras mi mente empieza a evocar, en una sucesión de imágenes seguidas: la calle, el jardín, tus cabellos pintados, tus dientes blanquísimos, de conejo, tus ocurrencias, tus manos suaves, tú a las 11 de la noche un día cualquiera, tú diciéndome que me amas, pronunciando esa palabra bendita echados en el gras, mirando las estrellas, tú, mi estrellita, I try and/ Laugh about it/ Hiding the tears in my eyes/ ‘cause boys don’t cry/ Boys don’t cry

Me gustaría decirte que ya encontré quien me haga reír, quien me enseñe otra vez el sentido del amor aunque luego eso se convierta otra vez en dolor, con la misma facilidad con la que tú faltaste un día al juramento. Pero no, no puedo, por el contrario, otra vez me gustaría decirte que eres “tú, suave y única, tú, perdida y solitaria, tú, extraña como los ángeles”, como dice The Cure, You Soft and only/ You Lost and lonely/ You Strange as angels/ Dancing in the deepest oceans/ Twisting in the water, you’re just like a dream/ Just like a dream

Muéstrate otra vez, ven otra vez, cógeme fuerte que hoy día estoy encadenado, atado con tus rubios cabellos, y en los puertos de tus labios otra vez a punto de caer en la tentación, no, no, no. Por favor, llega sin decir nada, porqué estás tan lejos, lejana como la luna, inalcanzable como las estrellas, tú, mi estrella en el azul cielo, que poco a poco te vienes a instalar nuevamente aquí en mi pecho inflamado de tanto amor, ‘Show me, show me, show me/ How you do that trick/ The one that makes me scream,’ she said/ ‘The one that makes me laugh,’ she said/ And threw her arms around my neck/ ‘Show me how you do it/ And I promise you, I promise that/ I’ll run away with you/ I’ll run away with you…’

Aquí dos videítos de The Cure, dos que ilustran mucho este momento de my life.

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Hoy tengo ganas de entregarme al dolor, de mirar el azul, de oler el gras, de escuchar tu voz zumbarme al oído, decirme despacito quédate a mi lado, como aquellas noches cuando cogías mis manos, entrecruzabas mis dedos, arreglabas tus mechas y te entregabas en un beso perpetuo, pensando en que mañana ya no estaría.

Hoy tengo ganas de fumarme un puchito, de correr a buscarte, de abrazarte hasta el infinito, de perderme en tu mirada, de niña traviesa, que blasfemaba contra todo y contra todos. Chiquilla rebelde, déjame a tu lado, siéntate a conversar otra vez conmigo, a divagar sobre cualquier cosa, cual loquillos vagabundos como pájaros libres. Enséñame otra vez el sentido del amor, de la entrega, el firme compromiso que una noche, noche estrellada, aún se escucha tu voz , cuando clavando tus ojos sobre los míos me confesaste ese secreto e hicimos un juramento que nunca cumpliste.

Déjame una vez más a tu lado, abrígame que tengo frío, ya sale el sol, no importa, solo quédate una noche más a mi lado, mira que mañana ya no estaré contigo, mira que mañana seguro el dolor habrá atravesado mi pecho y lo habrá partido en dos. Sólo quédate esta noche conmigo, habla bajito, que nadie nos escuche allá afuera, mira que nos hemos escapado para estar juntos, contemplando la luna, y en la penumbra desataremos nuestros cuerpos, como en un huracán que seguro nos envolverá para siempre. Solo quédate esta noche.

Anoche soñé contigo, soñé que no hacía falta hacer ningún esfuerzo para que te entregaras, en ti yo estaba inmerso. Una de mis canciones preferidas de Kevin Johansen.

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El Comercio Perú

Quizás hoy muchas madres se levanten tarde, tomen un rico desayuno preparado por sus hijos, reciban varios regalos y meneen el cuerpo de alegría de la mano del esposo, ante los eufóricos aplausos de hijos y nietos; pero otras solo tendrán que conformarse con escuchar un lacónico feliz día, recibir un frío palmetazo en la espalda o aprovechar que no trabajan para recursearse de otra forma.
Y es que esta fecha, especial para muchas, tradicional para otras, normal para algunas, no es más que una excusa formal para recordar a ese ser al que todos los días deberíamos honrar, querer y festejar.
En el Perú, un país tan heterogéno y biodiverso, este día es uno de aquellos donde todos los contrastes salen a la luz. Mientras unos celebran, otros lloran; donde parece especial, en otros lugares solo es un día más; la mayoría no trabaja, pero la necesidad agobia a otras; algunas sanas y otras postradas en una cama, enfermas.
En este último grupo destacan, por ejemplo, según da cuenta hoy El Comercio, todas las madres infectadas con el virus del sida, una terrible enfermedad que, seguro, para la mayoría, sería un excelente motivo para matarse. Pero ellas, estas madres guerreras, que se reunen todos los días y, olvidando sus dolores, intentan darle un sentido a su vida, son las que merecen nuestros aplausos, nuestra atención y sobre todo nuestro afecto, ayuda y comprensión. Recordemos que puede ser tu madre, mi madre.

Ayer me hiciste el hombre más feliz de la tierra “B”. Nunca pensé que me dijeras eso que tanto había esperado por más de tres años. Pero ayer lo hiciste y me dieron ganas de viajar hasta Piura solo para verte, para tocar tus manos, cogerte de la cintura, acariciar tus rostro y morirme en la paz de tus ojos chinos.
Ocurrió casi a las tres de la mañana, después de dos horas de conversación bromeando, contándote como me va, qué es de ti, cuándo vuelves…Te había llamado “B” porque ayer te necesitaba, necesitaba escuchar tu suave voz, tu risa desbocada, tus chistes improvisados, tu melancolía, volver a sentirte cerca de mí otra vez.
Ayer no podía dormir. Salí del trabajo, me había ido relativamente bien pero me sentía vacío, con un hueco en el alma, una gran fosa que poco a poco se va agrandando y me arrastra hasta la oscuridad de la melancolía y la desilusión. Pero te llamé. Contestaste medio sonámbula. Y ya sabías que era yo, no hizo falta que me presentara. Te conozco demasiado “B”, sé que cuando me pedías que te cuente cómo me había declarado ante ti lo hacías porque necesitabas también sentir –al igual que yo- que te amaba, que te amo como ayer y como mañana. Y te pusiste celosa cuando te conté lo de las dos “G” y trataste de cambiar la conversación, pero en ese aspecto eres demasiado evidente “B”. Y yo sé por qué te lo digo.
Conversamos sobre mí, mi trabajo, la rutina, las chicas que me gustaban, las borracheras que me he metido solo, en mi cuarto, pensando en ti “B”. Y sobre ti, Iván –y ya no lo menciones que estamos hablando sobre nosotros-, tu trabajo, mis hermanas y el pasado. Hasta que aterrizamos en este período que quisiera volver a vivir al lado tuyo sin cometer ni uno solo de los errores que cometí. Pero tú, siempre contradictoria, luz y sombras, mi pregunta y mi respuesta, me peinas el alma y me la enredas, como dice Alejandro Sanz. Y así te comportaste por un momento, tratando de evadir mis preguntas inquisidoras haciendo honor del periodista que soy. Algún día me gustaría hacerte una entrevista “B”, sí, una entrevista como las miles que he hecho, las decenas que hago a diario. Pero esta sería distinta. Única en su especie. Me pasaría horas y horas entrevistándote sin la presión de la hora de cierre. Pero develando cada parte de tu personalidad, de esa oscura y confusa esencia de mujer que posees y que solo yo conozco. Y que tú sabes que solo yo conozco.
Y te acorrale con mis preguntas y ya no sabías como evadirlas porque–en el fondo de tu corazón- también deseabas que te dijera que te amaba, que te amo y que mañana te amaré aunque mañana te ame menos que ayer y que hoy. Pero también querías sentir que era tuyo, que eres mía.
¿Alguna vez te has enamorado “B”? Ehhhh…Sí, pero de “H”. ¿Quién es “H” si “H” nunca ha existido en tu vida.
– Es que no puedo decírtelo, mejor hablemos de otra cosa
– No mientras no me digas a quién has amado
– ¿Descríbemelo y cómo sabías que te enamoraste de él?
– Porque tenía ganas de protegerlo, de que no le pasara nada, porque lo admiraba y lo amaba con todo mi corazón. Es un chico lindo, buena gente. Una linda persona
– Nunca pensé que lo dirías pero lo dijiste. Ya lo sabía. Lo sabía cada vez que te miraba, cuando me abrazabas, cuando llorabas, cuando tocaba cada fibra de tu corazón, de ese corazón reacio muchas veces “B”
– Anda loco. En serio ya lo sabías…uhnnnnn
– Claro. Pero gracias por decirme que me amaste, que te enamoraste de mí.
– Sí pues. Es la verdad y no puedo ocultarlo. Y tu voz se quebró y ya no te escuché “B” sino hasta después de un minuto. Seguro te pusiste a llorar “B”. Pero no llores porque aún te amo, aún cada glóbulo de sangre se me inflama de tanto amor por ti. No te preocupes. Yo también sé que, a pesar que tú estás con Iván, me amas a mí y por eso tienes miedo que regrese y te afane, y vuelva a encender esa mecha de amor que jamás dejó de quemarnos a ambos “B”. Porque fuimos la pareja eléctrica, la pareja explosiva aunque ahora seamos los solitarios explosivos. Bueno, tú estás con Iván, pero que importa, solo Dios sabe si con él te casarás y si yo regresaré contigo alguna vez.
Pero definitivamente la de ayer fue la mejor conversación de mi vida, aunque otra vez se te acabó la batería de tu celular y tiiiiiiiii El celular sonó apagado. Y otra vez me quedé en silencio, pensando toda la noche en ti “B”. Y hoy otra vez pensando en ti.
Amigos, ¿debo regresar y reconquistarla o la olvido para siempre?, ¿Qué hago si ella está con Iván? Iluminen mi pensamiento.

Lo más insólito que me ha pasado hasta ahora en mi vida amorosa es haberme enamorado como un becerro de “B” –para mayor información leer la parte 1 de este post-. Sí, “B”, la chica a la que conocí en circunstancias risibles, la que estaba enamorada de otro chico, la que me hizo sentir el beso más rico. Lo extraño es que con ella solo estuve 1 mes. Sí. 1 mes; 30 días que fueron suficientes para que se metiera por cada molécula de mi ser.

Como dice Neruda, “es tan corto el amor, y tan largo el olvido”. Ahora lo sé, pues después de “B” no ha existido mujer con la que haya descubierto tantas cosas. Por ti “B” me estrené como poeta, a ti te dediqué tantas y tantas páginas de amor que algún día rompí. A ti te compuse decenas de canciones. Debo confesar que la relación que sostuve con ella no fue de las mejores.

Eso es lo raro. A “B” la quería bastante – demasiado diría yo-, pero ese querer no fue suficiente para que ella aguantara todos mis berrinches de chibolo inmaduro. Estuve con ella cuando tenía 18 años y ahora que tengo 21 recién me he dado cuenta de todos los errores que cometí. Sí volvieras conmigo evitaría que te molestes por tonterías/ te llevaría más seguido al cine/ cogería tu mano aún cuando mis hermanas nos miren/ te llevaría a bailar con más frecuencia aunque no lo haga tan bien como tú/ si tan solo me dieras la oportunidad de tocar tus manos/ de mirar tus ojos chinos, tus labios carmesí/ si volvieras conmigo… Pero sé que es demasiado tarde.

A “B” la perdí por tonto, un día del cual no recuerdo más que el agrio sabor de la despedida, su voz suave diciéndome que quería terminar conmigo porque estaba confundida, porque necesitaba tiempo. Lo único que necesitabas “B” era que te cogiera de las manos y te dijera que te amaba con todo mi ser, que no me dejes porque acuérdate de los chistes tontos que me hacías en el jardín de tu casa, las lágrimas que caían de tu rostro cuando tocaba la fibra más fina de tu alma, tus labios diciéndome en silencio quédate a mi lado, tus ojos llorosos el día que nos volvimos a ver después de dos años, tu risa fingida cuando me contaste que estabas con Iván.

Pero sé que ahora es demasiado tarde porque estás con él, con Iván, el chico que te afanaba cuando estabas conmigo. Las razones por las que “B” terminó conmigo fueron simples y complejas sinrazones. Que necesitaba tiempo, que debía pensar algunas cosas, etc. Lo cierto fue que nuestra relación se volvió rutinaria, aunque en aquella época yo no la veía así. Hay que mirar el pasado desde el presente para darse cuenta de eso. Peléabamos por gusto, a diario, por tonterías. Eso disgustaba a “B” y creo que a cualquier chica. Pero también habían días en que “B” -al igual que yo- sentía que la felicidad no cabía en su cuerpo.

Cuando terminamos a mí me dolío mucho, muchísimo. Lloré como un niño. Fuiste la única mujer por la que he llorado “B”, por ti derramé ríos de lágrimas, tú me enseñaste que el amor viene acompañado del dolor y que este es mas intenso cuanto más se ama.

Pero un día me decidí a reconquistarla. Sabía que me querías mucho “B”, extrañabas mis conversaciones sobre mi futuro, mis sueños de ir a España y escribir en uno de los mejores periódicos de esa ciudad española, mis momentos de melancolía, los cuentos que me inventaba para ti, esas historias de amor que leías a mi lado, con las que llorabas de emoción.

Por ese motivo volví ha acercarme a ella en contra de las exigencias de mis padres y hermanos de alejarme de ti para siempre. Empezamos a salir juntos de nuevo. Y en esta misión me ayudaron Pepe y Víctor, actuales esposos de sus hermanas. Cualquier invitación a bautizo, matrimonio, pollada o bingo que había en nuestro pueblo era la excusa perfecta para salir todos juntos. De esa manera, los posibles pretendientes de “B” se alejarían un poco. Por cierto, a “B” la perseguían no pocos chicos, pero su corazón solo reclama a uno.

Pasó un año en que estuvimos en lo mismo: salíamos juntos a todas partes, agarrábamos de vez en cuando y al decirle para volver siempre terminaba pateando mi corazón como una zapatilla, Aún no. No te diste cuenta “B” que todas estas chotedas hicieron que un día diga ya no más. “B” vete donde no te vea, lárgate de mi vida porque me haces daño, ya no quiero sufrir más. Mi corazón está destrozado y necesito curarlo de a pocos pero lejos de ti.

Y así fue. Un día resolví alejarme de ella para olvidarla. No podía seguir así, dejando que patee mis sentimientos las veces que quisiera. Debía ponerle freno si deseaba construir una relación fuerte algún día.

Me alejé sin decirle nada, luego ella se fue a vivir en un pueblito cerca de Piura. Entonces perdimos contacto. Al tiempo me enteré por unos amigos que estaba con Iván. Yo inicié una relación con otra chica. Pero un día me di cuenta que no la quería y terminé. Busqué a “B” en plan de amigos, salimos y conversamos sobre nosotros. Aclaramos dudas y en un momento la tome de la mano y con la música de fondo de Aquello que me diste de Alejandro Sanz le pregunté si aún me quería. Sus ojos se clavaron sobre los míos. Una lágrima cayó de sus ojos chinos. Voy al baño, me dijo. Cuando volvió no dijo nada. Traté de retomar la conversación pero me cortó en seco. Cambiamos de tema.

Después de eso, volví a llamarla hace un mes. Conversamos media hora por teléfono y me dijo que me había amado muchísimo pero que le hubiera gustado que insistiera más porque ella es orgullosa. “B” que acaso no te diste cuenta que todas las veces que nos veíamos lo único que hacía era pedirte que regreses conmigo, que te amaba, que te amo porque no habido mujer como tú en mi vida. “B” que no te das cuenta que aún me interesas, que te amo con todo lo que tengo y soy. “B” reacciona.

¿Qué debo hacer amigos? ¿Olvido a “B” para siempre? ¿Trato de salir con otras chicas, de enamorarme de otra o espero a que “B” esté sola como lo hizo Florentino Ariza con Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera? Necesito sus sabios consejos.

Todo lo había preparado con tal sutileza y estrategia militar que no se le había olvidado ni el lugar adonde la llevaría a conversar. Sabía que ésa era la última vez que la vería, que no volvería a sentir el aroma de sus labios rozándole el cuello. Por eso Emerson se había esforzado de que todo esté en perfecto orden, que su color de polo armonice con su jeans desteñido y sus zapatillas remendadas, que sus bolsillos estén llenos de chicles y caramelos, sin olvidar su billetera con los únicos diez soles que le había prestado su hermana, el día que trabaje mi billetera rebotará de dólares. Tampoco había olvidado ensayar el poema Me gustas cuando callas de Neruda. Sabía que Úrsula era una persona lacónica y nostálgica, y él, aprovecharé la oportunidad, había dicho.
Se encontrarían a las tres de la tarde, con el calor inmenso de Piura, en el parquecito que quedaba enfrente de la iglesia, para que así los santos nos bendigan. Pero ahora, mientras miraba su reloj, se sentía cada vez más inseguro. Eran las tres y veinte, si no viene dentro de diez minutos me largo y que se joda, pero Úrsula apareció. Venía más linda que siempre, con un polito negro a la cintura, que dejaba entrever su ombligo perfecto, y una falda de hilo que armonizaba con la pulsera que calzaba en el pie. Discúlpame por la demora pero es que no encontraba carro. Después se sentó a su lado. ¿Nos vamos?, le dijo Emerson con tono que revelaba su ansiedad. No, tengo que esperar a una amiga, le respondió mientras lo miraba fijamente. Está bien, sólo porque me miras así. La conversación entre los dos transcurrió en torno a asuntos triviales, la casa, la universidad, los amigos,…
Después de que los tres fueron a recoger las parrilladas, que había sido el pretexto perfecto para que Úrsula saliera de casa, ella se despidió de su amiga. Ahora sí vámonos, puedo llegar hasta las ocho a mi casa, le dijo mientras lo jalaba apresuradamente. Caminaron lo que no hubieran caminado en un día normal. Pasaron por la catedral de Piura, el Malecón Eguiguren y llegaron hasta Santa Isabel. Mientras caminaban, ella le preguntaba ¿adónde vamos?, y él, tú sólo sígueme si confías en mí. Emerson conocía Piura como la palma de su mano; ella no, era de Lima y una vez ya se había perdido con su hermanito.
Caminaron lentamente por la country, ella saboreando el helado que Emerson le había invitado, y él llevando las parrilladas de Úrsula. Se sentaron luego en una banquita del parque de Santa Isabel y conversaron acerca de la apuesta que había quedado pendiente la noche anterior. Emerson le había dicho que deseaba probar si es que ella era capaz de dejar de hablarlo un año, en el fondo quería comprobar si Úrsula lo amaba tanto como él a ella. Pero no era consciente de que el orgullo de las personas es más fuerte a veces que los propios sentimientos, y Úrsula tenía muy claro esto. Por eso aceptó la apuesta después de que Emerson insistiera tanto.
Luego que todo había sido acordado, Úrsula le dijo, ¿nos vamos? No, espérate….ehh…sólo una última cosa, le respondió con voz dubitativa y casi temblando. ¿Puedo hacerte una pregunta?, le interrogo, sí claro. ¿Estás de acuerdo con la apuesta, no quieres agregar algo más? Deseaba que le diga que no, que no estaba de acuerdo y que todo había sido una broma. Pero no, era verdad y allí Úrsula se lo estaba demostrando con su actitud de seguridad. No, todo está bien. No me digas que ya te arrepentiste. No, como que, claro que no, un año, un año. Ya se iban cuando Emerson la detuvo del brazo, Úrsula puedo pedirte un favor: Sí, claro, somos amigos no. Siéntate, quiero que sepas que eres una gran amiga y que me has enseñado muchas cosas, y para agradecerte lo que has hecho por mí quiero abrazarte, ¿puedo hacerlo? Sí, claro. Entonces Emerson apartó la bolsa de parrilladas que hasta ese momento había sido la barrera que los había separado, y la abrazó. En ese abrazo recordó, en un flash back, los momentos que habían pasado como enamorados, el aroma de su piel, el sabor de sus labios. Se emocionó tanto que quiso besarla, pero ella, sólo dijiste que querías abrazarme, le reprochó mientras volteaba sus labios. Bueno, le dijo levantándose, si ya no tienes nada más que decir, entonces vámonos, es tarde y en mi casa deben estar esperándome. Entonces él, derrotado, humillado por el destino y el orgullo de Úrsula, lo último que quiero hacer es esto, y le tocó el mentón hasta la eternidad, como solía hacerlo por las noches cuando juntos se perdían en un mar de besos, en la oscuridad de la noche y el murmurar de los transeúntes que a esa hora deambulaban por el Parque Infantil, su escenario de amor.