El Comercio

Es la segunda vez que vuelves al mismo salón de clases, a escuchar ese floro que ya conoces de memoria pero que siempre olvidas en el momento decisivo. Llega el día de tu examen final, ese que decidirá si pasas el curso – y todos tus patas celebran contigo por ser el único que no lo ‘trikeó’- o terminas saliendo de la ‘U’ por la puerta de atrás.
En el preludio del examen, reunido a medianoche con tus patas, en medio de tazas y más tazas de café, lanzas la típica frase suicida de los universitarios: Si no la hago en esta me mato. Tal vez no lo hagas tú, pero sí tus viejos.
Las expresiones suicidas o que aluden a la muerte son tan cotidianas como las mismas conversaciones. ¡Me muero! es la típica locución gramatical que soltamos cuando escuchamos –y sobre todo las chicas- contar a nuestros patas una de esas historias donde la vida está en riesgo, tipo me asaltaron y logré escapar.
Otros prefieren morirse de a pocos. ¿Cómo estás? le preguntas a tu pata. Él, enfático, responde: Me estoy muriendo. El mismo tránsito, caótico, estresante, se vuelve acelerador de este tipo de frases. Este embotellamiento es para morirse, en ese accidente vi de cerca la muerte.
Las relaciones amorosas no escapan a este fenómeno. Si me dejas me mato, reza la escueta oración de las mujeres – o también de algunos chicos- en el preludio de la ruptura amorosa.
En los casos más extremos los problemas de mujeres, hombres, padres a hijos o notas de la ‘U’ nos llevan a decir frases de este tipo: Creo que mejor sería no estar en este mundo, mi vida ya no tiene sentido, estoy muerto. Y para cerrar digo que este asunto está en muere.

Y tú, ¿qué frases suicidas usas?

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Entérate sobre cómo la fiebre de la cumbre APEC ha hecho que viajar por Lima se convierta en una verdadera aventura

El tráfico en Lima es caótico. Pero si antes lo era por la cantidad de combis, buses y autos que circulan por la ciudad o el sinnúmero de semáforos y rompemuelles en cada esquina, ahora lo es debido a la simultaneidad con que se han cerrado varias arterias de la capital. Primero fue Arenales, después Arequipa, luego Petit Thouars – que ya reabrieron y aún no terminan de asfaltar- y ahora anuncian que el lunes se cerrará un nuevo tramo de la avenida Arequipa, así como parte de Javier Prado, entre Arenales y Pershing.
Todas estas obras de rehabilitación pre cumbre APEC han hecho que viajar por Lima se convierta en una verdadera tortura, tan espeluznante como una película del cine gore, tan insoportable como una canción de Floricienta.

Abróchate un plan B
Todo esto hace que quienes viajamos a diario hacia algún punto de la ciudad tenemos que salir veinte minutos más temprano a lo acostumbrado, tener un plan B de desvío, rezar porque este día no hayan cerrado una nueva avenida o que a alguien no se le haya ocurrido realizar una nueva movilización.
El problema es que un día vas con tu carro y te das cuenta que la ruta que usabas la han cerrado y entonces debes buscar un desvío que al final te toma más tiempo de lo que esperabas. A esto le sumas los baches de las pistas, el ruido molestoso del claxon, las lisuras de los choferes, los conductores lentejas, los embotellamientos, las calles enrejadas… Y ahora las pistas en reparación.
¡Dios nos coja con los cinturones puestos!