Para Dummies II. Continúando con los consejitos para Dummies. Ahora ya pueden hacer magia destapando las chelas. !SAlud, muchachos! !A disfrutar de la vida!

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“Yaaa dale, voltea rápido gordo… ¿O es que la panza no te deja girar?”, grita furiosa una mujer de chompa roja, al tiempo que remece la malla metálica a la que está agarrada, presa de la emoción.
Su equipo empata y ella intenta ‘animar’ a los jugadores. Los hinchas que ojean el partido, desde una pequeña tribuna, se ríen.
La pequeña tribuna de la cancha del Barrio Obrero, en La Victoria, es una verdadera selva desde el pitazo inicial. Los gritos e insultos al árbitro –le dicen que es un vendido y le mencionan a su mamá- son tan frecuentes como las zancadillas, codazos y jalones de camiseta entre jugadores. Mismo clásico de fútbol –aunque sin Copa Cable Mágico de por medio -, el ambiente se condimenta con ajos, cebollas y otras verduras que se escupen a la misma velocidad de un tiro del tigre o un remate de media cancha. Un espacio sazonado con canciones de las barras, el sonido de las maracas, los bombos y las panderetas, que le otorgan una atmósfera chistosa al partido.

No importa si se juega con pelota de trapo o con una de cuero, si es en una cancha de arena o entre dos calles, si te aplauden barristas en minifalda o solo te observan un par de mocosos. Al final los partidos de fútbol están destinados a convertirse en una suerte de batalla campal, dentro y fuera de las canchas. Un torbellino de insultos, críticas ácidas y frases chistosas, inventadas al momento, por ojos y corazones concentrados únicamente en que el balón cruce el arco contrario.
Tú lo sabes. Lo experimentas en las pichangas de los miércoles en la canchita de la universidad, donde las broncas por la apuesta se terminan sofocando con un par de chelas, que después son tres, y cuatro… Y ya perdí la cuenta. ¿Qué importa? Es el poder armónico de las maratónicas faenas futboleras, donde jalar las mejores puntas es la voz. Así te aseguras un cuadro galáctico, invencible, capaz de derrotar a los mejores equipos, los de Ingeniería, de Educación, ese de Derecho que siempre tiene un jugador mañoso.

Pero no me desprecies al calichín que siempre te hace barra, ese que pone la pelota y nunca juega, pero que alienta, varón. Esa pieza de recambio nunca utilizada, el que siempre se viste, calienta y nunca debuta. No hagas que se saque la camiseta, vaya a ser que lo confundan con barrista del otro equipo y le peguen peor que pelota de trapo.
Es emocionante sentir el orgasmo del gol, la angustia del marcador en contra, el estallido de las barras coreando tu nombre, los ojos de la chica que te gusta mirándote jugar. ¿Conoces eso, tú, jugadorazo?