lluviasRalph zapata Ruiz
Hace quince días regresé a Piura después de tres meses de ausencia, en los que debí acostumbrarme al ritmo acelerado de la capital. Por cuestiones de trabajo dejé el lugar donde nací, donde crecí y en el que fui explorando, paso a paso, cada uno de sus rostros, de su gente, de sus ‘huecos’ y de su calidez en todo el sentido de la palabra.

Mi regreso no fue tan espectacular como lo había planificado. Nadie me recibió con abrazos ni besos en la agencia ni me dijeron que me habían extrañado y que se alegraban al verme. Y me dolió porque para volver a ‘la ciudad del eterno calor’ había superado mil y un vallas.

Al subir al bus sentí una extraña sensación de alegría y a la vez pena al desconocer lo que encontraría en Piura. ¿Habrán cambiado mis hermanas?, ¿me habrán extrañado mis amigos? ¿Habrá mejorado un poquito Piura? Me cuestionaba mientras miraba las estrellas por la ventana y dejaba volar mi imaginación.

Por la ansiedad de llegar a mi casa y ver a mi familia, aquella noche no logré pegar un ojo. En realidad, cada vez que viajo en bus no logro conciliar el sueño. Será tal vez por una cuestión de preocupación por lo desconocido o simplemente porque mi organismo sabe qué ‘hay que mantenerse despierto’.

Al rayar el alba y ya en Chiclayo me sorprendí al ver el verdor de lo que antes era puro desierto. El efecto de las torrenciales lluvias había provocado que las áridas tierras piuranas se llenaran de verdes hierbas que ahora le dan un aspecto más atractivo, más vivo.
Lo primero que hice al bajar del bus fue respirar el aire de los algarrobos, mirar las calles piuranas, observar a la gente, olfatear las comidas y pasar un vistazo súper rápido por la ciudad.

Una vez que superé el síndrome del ‘recién llegadito’ logré analizar con detenimiento cada molécula de la ciudad. El resultado fue espantoso. La madre naturaleza se había empeñado en poner en aprietos otra vez a las autoridades y estas no habían sabido responder a la furia de las lluvias. Calles destrozadas, pistas rotas, tránsito desordenado, informalidad a cada paso que daba me hicieron reconocer que a Piura, la primera ciudad fundada por los españoles, se lo estaba llevando el agua, ante el letargo de sus ciudadanos. Entonces recordé la escena final de Cien años de Soledad donde el viento se encarga de sepultar los últimos restos de Macondo, una ciudad fundada y destruida por los Buendía, una estirpe que se asemeja a toda la humanidad.

En nuestro caso, quienes se están encargando de acribillar de a pocos nuestra querida Piura son las mismas autoridades, los ciudadanos adormecidos, la furia de la naturaleza, una naturaleza que busca despertar esa memoria frágil que tenemos los piuranos, los peruanos. No es la primera vez que nos afectan las lluvias, sino que es un fenómeno que forma parte de nuestra naturaleza de región cálida. Pero parece que aún no hemos aprendido. Y eso me da mucha pena. Y rabia también.

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Ayer me hiciste el hombre más feliz de la tierra “B”. Nunca pensé que me dijeras eso que tanto había esperado por más de tres años. Pero ayer lo hiciste y me dieron ganas de viajar hasta Piura solo para verte, para tocar tus manos, cogerte de la cintura, acariciar tus rostro y morirme en la paz de tus ojos chinos.
Ocurrió casi a las tres de la mañana, después de dos horas de conversación bromeando, contándote como me va, qué es de ti, cuándo vuelves…Te había llamado “B” porque ayer te necesitaba, necesitaba escuchar tu suave voz, tu risa desbocada, tus chistes improvisados, tu melancolía, volver a sentirte cerca de mí otra vez.
Ayer no podía dormir. Salí del trabajo, me había ido relativamente bien pero me sentía vacío, con un hueco en el alma, una gran fosa que poco a poco se va agrandando y me arrastra hasta la oscuridad de la melancolía y la desilusión. Pero te llamé. Contestaste medio sonámbula. Y ya sabías que era yo, no hizo falta que me presentara. Te conozco demasiado “B”, sé que cuando me pedías que te cuente cómo me había declarado ante ti lo hacías porque necesitabas también sentir –al igual que yo- que te amaba, que te amo como ayer y como mañana. Y te pusiste celosa cuando te conté lo de las dos “G” y trataste de cambiar la conversación, pero en ese aspecto eres demasiado evidente “B”. Y yo sé por qué te lo digo.
Conversamos sobre mí, mi trabajo, la rutina, las chicas que me gustaban, las borracheras que me he metido solo, en mi cuarto, pensando en ti “B”. Y sobre ti, Iván –y ya no lo menciones que estamos hablando sobre nosotros-, tu trabajo, mis hermanas y el pasado. Hasta que aterrizamos en este período que quisiera volver a vivir al lado tuyo sin cometer ni uno solo de los errores que cometí. Pero tú, siempre contradictoria, luz y sombras, mi pregunta y mi respuesta, me peinas el alma y me la enredas, como dice Alejandro Sanz. Y así te comportaste por un momento, tratando de evadir mis preguntas inquisidoras haciendo honor del periodista que soy. Algún día me gustaría hacerte una entrevista “B”, sí, una entrevista como las miles que he hecho, las decenas que hago a diario. Pero esta sería distinta. Única en su especie. Me pasaría horas y horas entrevistándote sin la presión de la hora de cierre. Pero develando cada parte de tu personalidad, de esa oscura y confusa esencia de mujer que posees y que solo yo conozco. Y que tú sabes que solo yo conozco.
Y te acorrale con mis preguntas y ya no sabías como evadirlas porque–en el fondo de tu corazón- también deseabas que te dijera que te amaba, que te amo y que mañana te amaré aunque mañana te ame menos que ayer y que hoy. Pero también querías sentir que era tuyo, que eres mía.
¿Alguna vez te has enamorado “B”? Ehhhh…Sí, pero de “H”. ¿Quién es “H” si “H” nunca ha existido en tu vida.
– Es que no puedo decírtelo, mejor hablemos de otra cosa
– No mientras no me digas a quién has amado
– ¿Descríbemelo y cómo sabías que te enamoraste de él?
– Porque tenía ganas de protegerlo, de que no le pasara nada, porque lo admiraba y lo amaba con todo mi corazón. Es un chico lindo, buena gente. Una linda persona
– Nunca pensé que lo dirías pero lo dijiste. Ya lo sabía. Lo sabía cada vez que te miraba, cuando me abrazabas, cuando llorabas, cuando tocaba cada fibra de tu corazón, de ese corazón reacio muchas veces “B”
– Anda loco. En serio ya lo sabías…uhnnnnn
– Claro. Pero gracias por decirme que me amaste, que te enamoraste de mí.
– Sí pues. Es la verdad y no puedo ocultarlo. Y tu voz se quebró y ya no te escuché “B” sino hasta después de un minuto. Seguro te pusiste a llorar “B”. Pero no llores porque aún te amo, aún cada glóbulo de sangre se me inflama de tanto amor por ti. No te preocupes. Yo también sé que, a pesar que tú estás con Iván, me amas a mí y por eso tienes miedo que regrese y te afane, y vuelva a encender esa mecha de amor que jamás dejó de quemarnos a ambos “B”. Porque fuimos la pareja eléctrica, la pareja explosiva aunque ahora seamos los solitarios explosivos. Bueno, tú estás con Iván, pero que importa, solo Dios sabe si con él te casarás y si yo regresaré contigo alguna vez.
Pero definitivamente la de ayer fue la mejor conversación de mi vida, aunque otra vez se te acabó la batería de tu celular y tiiiiiiiii El celular sonó apagado. Y otra vez me quedé en silencio, pensando toda la noche en ti “B”. Y hoy otra vez pensando en ti.
Amigos, ¿debo regresar y reconquistarla o la olvido para siempre?, ¿Qué hago si ella está con Iván? Iluminen mi pensamiento.