Con mucha razón y bastante furia – normal y comprensible en una afición que quisiera ver a su selección en un mundial, cantar el himno y sudar la blanquirroja en campos africanos- la hinchada desencadenó toda su rabia contra un equipo y un cuerpo de dirigentes a los que le pesa la camiseta.
El debate luego del 6-0 en Montevideo no solo ha alcanzado los diarios, sino también la cholósfera. Decenas de bloguers peruanos analizan el asunto desde distintos ángulos. Desde el tercer piso recuerda la goleada que Argentina nos propinó en el mundial de Argentina 78 , Fabricio Torres analiza la situación de la selección peruana -que por cierto, ayer mató todas sus aspiraciones de ir a Sudáfrica 2010. Ni el Señor de los Milagros nos ayuda esta vez-, Catalina ensaya una explicación a la goleada sufrida ayer.

Pero en este post no pretendo continuar lanzando dardos ni a los jugadores ni al cuerpo técnico. Cierto es que Chemo y toda la dirigencia del fútbol peruano debería renunciar por vergüenza -¿la sentirán?-. Tampoco pretendo dar fórmulas mágicas para reanimar el fútbol peruano, pues no existen.
Sin embargo, es bueno recordar que el Perú es el país del continuo ensayo. Acá las cosas se hacen aplicando la fórmula ensayo-error. Y esto no solo sucede en el fútbol, sino en todos los ámbitos. Si no nos gusta un técnico porque no nos hace ganar se le bota. Así de simple y fácil. ¿Cuántos técnicos ha tenido el equipo peruano en la última década? Seis: Francisco Maturana y Julio César Uribe, quienes dirigieron a la selección en las eliminatorias Corea y Japón 2002; Paulo Autori y Freddy Ternero comandaron el equipo rumbo a Alemania 2006, pero los malos resultados hicieron que el cargo recayera sobre Franco Navarro, quien fue sustituido luego por Julio César Uribe. Después llegó Chemo.

El problema surge desde la misma visión dirigencial que se tiene de un equipo. Para los peruanos, la solución más fácil es cambiar de técnico como de chimpunes, y así no funcionan las cosas. Si se piensa de esa manera nunca llegaremos a un mundial de fútbol. Habría que empezar a pensar con la cabeza fría que la recuperación de una selección de fútbol es un proceso largo. No se piense que un nuevo técnico lo arreglará todo, sino más bien que el trabajo continuo, respaldado por la hinchada y por la dirigencia, permitirá ir creando un cuadro sólido, más o menos estable y competitivo.

Es momento de reflexionar sobre el futuro del fútbol peruano. Metámonos en la cabeza que si queremos ver a nuestra selección en un mundial debemos empezar por trabajar desde ya. Las ligas menores están muy descuidadas, el nivel de competitividad es bajo, y del fútbol profesional ni hablar. Hace falta una reforma en el fútbol peruano. Olvidémonos de apostar por el entrenador salvador o los jugadores geniales. Esos no existen. Empecemos por explotar los recursos con los que contamos, por buscar la combinación, más o menos buena, de jugadores que, aparte de tener cualidades quieran la camiseta, la suden, la respeten y la dejen en alto siempre, ante cualquier adversario, en cualquier cancha o ante cualquier hinchada.


Este videíto es un mate de la risa. Sirve para olvidar la tragedia de ayer y pensar que con estas estrategias de los Huevos cartoons sí se puede.

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No sabemos ganar. Ayer quedó confirmado que la selección peruana de fútbol está lejos de calsificar al Mundial Sudáfrica 2010, luego de lograr un magro empate contra el equipo cafetero de Jorge Luis Pinto, que se llevó un punto de oro de Lima. Aunque todo el segundo tiempo fue controlado por Perú, el desorden al trasladar la pelota, la falta de ideas y la ausencia del puntillazo final nos demostraron que jugamos más por entusiasmo y corazón.
La ausencia de estrategias para penetrar en el área de Colombia, las tácticas mal planteadas estuvieron presente en cada error que cometíamos y en los enredos, una y otra vez.
Pese a que algunos diarios como El Comercio destacaron la superioridad de la blanquirroja, lo cierto es que para la mayoría de medios Perú jugó desordenado, carente de ideas y de caudillos que dirijan desde el mediocampo.
El martes nos jugamos la vida contra Uruguay en Montevideo. Un partido dífícil, primero porque somos visitantes, y segundo porque el equipo charrúa cuenta con jugadores muy hábiles y rápidos con el baló. Ojalá esta vez no tengamos que apagar las velitas – con rabia- que más de uno encendió en casa. Ojalá no nos lamentemos diciendo esa frase de toda la vida: casi ganamos.

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El Comercio Perú

Quizás hoy muchas madres se levanten tarde, tomen un rico desayuno preparado por sus hijos, reciban varios regalos y meneen el cuerpo de alegría de la mano del esposo, ante los eufóricos aplausos de hijos y nietos; pero otras solo tendrán que conformarse con escuchar un lacónico feliz día, recibir un frío palmetazo en la espalda o aprovechar que no trabajan para recursearse de otra forma.
Y es que esta fecha, especial para muchas, tradicional para otras, normal para algunas, no es más que una excusa formal para recordar a ese ser al que todos los días deberíamos honrar, querer y festejar.
En el Perú, un país tan heterogéno y biodiverso, este día es uno de aquellos donde todos los contrastes salen a la luz. Mientras unos celebran, otros lloran; donde parece especial, en otros lugares solo es un día más; la mayoría no trabaja, pero la necesidad agobia a otras; algunas sanas y otras postradas en una cama, enfermas.
En este último grupo destacan, por ejemplo, según da cuenta hoy El Comercio, todas las madres infectadas con el virus del sida, una terrible enfermedad que, seguro, para la mayoría, sería un excelente motivo para matarse. Pero ellas, estas madres guerreras, que se reunen todos los días y, olvidando sus dolores, intentan darle un sentido a su vida, son las que merecen nuestros aplausos, nuestra atención y sobre todo nuestro afecto, ayuda y comprensión. Recordemos que puede ser tu madre, mi madre.