Lima apesta. Sí, señor, usted que está pensando venir a pasar vacaciones o navidad al lado de sus familiares, piénselo dos veces. No se precipite, puede arrepentirse… se lo digo por experiencia. En Lima ya no cabe más gente, con las justas respira, y ese ambiente atestado de gente, de carros, de aire contaminado, de basura y de chatarra no le gusta a nadie, ¿o sí?

 lima

Viajar a Lima desde Piura en bus es toda una aventura, un riesgo desenfrenado, una locura que sólo pueden permitirse los que aman el riesgo, la adrenalina, la sangre chorreando por cada vena inflamada de tanto estrés. Cruzar el Pasamayo y ver que tu vida pende de un solo hilo, de la destreza del chofer, de la lucidez con la que maneje. Después toparte con un grupo de gente -armada hasta los dientes- que ha bloqueado la carretera de ingreso a Puente Piedra porque hace unas cuantas horas un camión chocó a un tico, y entonces debes ingresar por Ventanilla y Ancón. Observar aquí como el humo de las fábricas de Solgas Repsol u otra compañía foránea contamina el aire, que más tarde viajara hacia la ciudad de Lima.

Llegar al terminal cansado por el viaje, subirte en un auto que te cobra quince soles cuando viajando en bus te sale por tres soles; y ver cómo el chofer tiene que virar hacia ambos lados para evitar ser chocado por los autos que se le meten. Sí, parece una película de persecuciones, pero es real. Luego llegar a casa, desayunar a la volada y salir hacia el Ministerio de Trabajo. Llegar y darte cuenta que la burocracia tan criticada existe, que no es un invento de los viejos resentidos ni de las tías cardíacas.

Estar en Lima una semana y aburrirte de comer pollo, pollo y más pollo – me van a salir plumas- , no tener con quien jugar, extrañar a tus viejos aunque estés cabreado con ellos, y encima tener que soportar el ánimo de los microbuseros que se aprovechan de tu pobre condición de provinciano. Dormirse a las diez de la noche máximo porque luego comienzan a salir los dueños de la noche, de las casas, de los parques y de Lima. Sí, señores, así como lo escuchan… Lima sigue siendo La Horrible. Y a toda honra.